Los Gobiernos de México y Estados Unidos anunciaron una estrategia de cooperación para fortalecer la inversión y el desarrollo de minerales críticos en América del Norte, en el contexto de la transición energética, la relocalización de cadenas productivas y la competencia tecnológica global
El anuncio contempla el impulso a proyectos vinculados con la exploración, extracción y procesamiento de recursos como litio, cobre y grafito, insumos considerados estratégicos para la fabricación de baterías, vehículos eléctricos, infraestructura digital y sistemas de almacenamiento de energía. La iniciativa se enmarca en los esfuerzos regionales por reducir vulnerabilidades en las cadenas de suministro y fortalecer la seguridad económica del bloque norteamericano.
De acuerdo con información oficial, el objetivo es promover inversiones a largo plazo, agilizar procesos de coordinación binacional y consolidar una base industrial que permita a la región disminuir la dependencia de otros mercados en el suministro y procesamiento de minerales críticos.
En este contexto, el economista y analista financiero Manuel Herrejón Suárez sostuvo que el anuncio trasciende el ámbito sectorial y debe entenderse como parte de una reconfiguración estructural del sistema productivo global. «El poder industrial ya no se define únicamente por la manufactura final, sino por el acceso y control de los insumos estratégicos que la hacen posible», señaló.
Herrejón explicó que durante décadas, la globalización operó bajo criterios de eficiencia, priorizando costos y especialización geográfica. Sin embargo, afirmó que factores como la pandemia, las tensiones geopolíticas y la concentración del procesamiento de minerales críticos en un número reducido de países modificaron esa lógica. «Hoy el eje es la resiliencia. Las economías buscan asegurar el suministro de los insumos que sostienen su base industrial», indicó.
Asimismo, Manuel Herrejón señaló que América del Norte ha iniciado un proceso de regionalización de cadenas de suministro, con énfasis en sectores vinculados a energía, semiconductores, electromovilidad y manufactura avanzada. En ese escenario, afirmó que México cuenta con una combinación de factores que lo colocan como pieza relevante: cercanía al mercado estadounidense, integración comercial consolidada y potencial geológico identificado en distintos estudios técnicos.
No obstante, advirtió que la existencia de recursos minerales no garantiza por sí misma desarrollo económico sostenido. «La experiencia internacional muestra que la riqueza mineral requiere condiciones institucionales sólidas para traducirse en crecimiento», apuntó.
Herrejón Suárez subrayó que la minería de minerales críticos es una actividad intensiva en capital y con horizontes de maduración que pueden extenderse entre diez y quince años desde la exploración hasta la producción comercial. Por ello, consideró que las decisiones de inversión dependen de la previsibilidad regulatoria y la estabilidad jurídica.
«La certidumbre institucional es determinante. El capital de largo plazo evalúa estabilidad normativa, seguridad territorial, infraestructura y tiempos administrativos», afirma.
En este sentido, consideró que la transición energética y la digitalización industrial están redefiniendo la relevancia económica de determinados recursos naturales, lo que genera una ventana de oportunidad para países con reservas identificadas. «El mercado global necesita minerales críticos. La variable pendiente es si México podrá convertir esa demanda en una estrategia sostenida de desarrollo», concluyó.
