Por momentos, la política chilanga parece escrita por los guionistas de una telenovela de bajo presupuesto: traiciones, rabietas, herencias malditas y personajes que se pelean por un partido que ya nadie sabe si sigue vivo o sólo respira por reflejo.
Así está hoy el PRD en la Ciudad de México: un sol tan nublado que ya parece eclipse permanente.
La disputa entre la diputada Nora Arias y el diputado Víctor Hugo Lobo alcanzó hace meses niveles de tragicomedia. Ambos protagonizaron una batalla digna de juicio familiar por la custodia de un partido en franca decadencia, como si estuvieran peleando la herencia de una vieja casona abandonada… aunque sin casona y casi sin herencia.
El pleito no era ideológico —no exageremos— sino administrativo: quién se quedaba con las últimas llaves, las prerrogativas y el pequeño brillo que aún le queda al “sol azteca”, ese que hoy ilumina menos que un foco ahorrador en tianguis.
Pero cuando parecía que el drama ya no daba para más capítulos, apareció Polimnia Romana, ex diputada y reconocida operadora política en Álvaro Obregón, anunciando con bombo y platillo el registro ante el IECM. Mientras tanto, los “noros” —como ya les dicen en corto algunos perredistas— se retorcían entre descalificaciones y berrinches asegurando que aquello era “patito”. La realidad, como siempre en política, se terminará resolviendo no en conferencias de prensa sino en tribunales, acuerdos en lo oscurito y llamadas de madrugada.
Y por si faltaba más picante, la llegada de Alfa González al Partido Verde encendió todas las alarmas. La ex alcaldesa, muy cercana al histórico líder Jesús Zambrano, fue recibida con alfombra verde por Jesús Sesma, alimentando el rumor de una posible migración masiva de cuadros perredistas al PVEM.
Vamos: una especie de nueva generación de “Los Chuchos”… pero reciclados en color verde ecologista.
Porque en esta ciudad nada muere realmente en política; sólo cambia de logotipo.
En la lista de posibles migrantes aparece incluso Oscar Munguía, concejal de Miguel Hidalgo y, dicen algunos panistas en corto, el “chocolate amargo” que Mauricio Tabe tiene que tragarse cada vez que coinciden. Y es que Munguía se ha ganado fama de incómodo: crítico duro, poco alineado y todavía con capacidad de movilización gracias a su organización social.
La pregunta que ya corre entre cafés, chats y oficinas gubernamentales es inevitable: ¿también la Asamblea de Barrios terminará pintándose de verde?
Nada está definido aún. Pero el simple rumor ya tiene nerviosos a varios que hasta hace poco juraban amor eterno al sol azteca mientras buscaban discretamente otro paraguas partidista.
Mientras tanto, desde la grada política observamos el espectáculo con palomitas y refresco. Porque si algo tiene la política chilanga es que jamás decepciona cuando se trata de pleitos internos, egos heridos y guerras por espacios cada vez más pequeños.
Y es que el 2027 ya se asoma en el horizonte.
Y aunque algunos partidos parezcan en terapia intensiva, todos saben que en la Ciudad de México ningún cadáver político se entierra del todo… porque siempre existe alguien dispuesto a revivirlo si todavía conserva presupuesto, estructura o aunque sea una oficina con aire acondicionado.


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